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DAVOS Y LA NARRATIVA DEL “BENEFICIO ECONÓMICO”

In Mundo, Opinión
enero 21, 2026
La política de Estados Unidos hacia Venezuela, bajo la presidencia de Donald Trump, ha entrado en una nueva fase de confrontación estratégica, con repercusiones que reconfiguran la geopolítica regional y global.

En el Foro Económico Mundial en Davos, Trump presentó la intervención no como una conquista, sino como una oportunidad económica para Venezuela. Afirmó que el país “hará más dinero en los próximos seis meses que en los últimos veinte años” gracias a una mayor explotación y venta de petróleo, impulsada en parte por compañías estadounidenses.

Este discurso busca enmarcar la presencia de EE. UU. como una apertura económica positiva, pero despierta escepticismo entre expertos geopolíticos, pues el petróleo venezolano —con las mayores reservas probadas del mundo— se ha convertido en un activo estratégico que EE. UU. pretende dominar para influir en los mercados globales y reducir la dependencia de potencias rivales como Rusia y China.

También se advierte más allá de las declaraciones triunfalistas que la administración Trump carece de una estrategia clara de reconstrucción o de estabilización política a largo plazo, lo que podría generar vacíos de poder y resistencia dentro de Venezuela y de actores externos.

Tensiones institucionales en Washington

Internamente en Estados Unidos, la iniciativa de Trump ha generado debate sobre los límites del poder ejecutivo en acciones militares sin mandato explícito del Congreso. Un intento de restringir las facultades militares del presidente respecto a Venezuela fue rechazado por el Senado por un margen estrecho, lo que subraya la división política sobre la intervención.

Repercusiones internacionales y reacción global

Este panorama ha alarmado a gobiernos e instituciones internacionales, entre académicos y organizaciones civiles, que consideran el episodio un precedente peligroso para la soberanía de los estados. Expertos en política internacional señalan que esta confrontación refleja un estilo de liderazgo global más unilateral por parte de Washington, con implicaciones para alianzas tradicionales y la percepción de liderazgo estadounidense en el mundo.

La crisis en Venezuela es mucho más que un conflicto bilateral: es un choque entre conceptos opuestos de soberanía, seguridad energética y orden internacional. La administración Trump opera bajo una lógica que combina control de recursos, supremacía regional y la redefinición de la política exterior estadounidense, lo que podría influir en futuros conflictos y equilibrios geopolíticos en América Latina y más allá.

Sin embargo, desde una perspectiva realista, China y Rusia no ven a Venezuela como un fin en sí mismo, sino como una pieza secundaria dentro de un tablero global mayor, evitando choques directos con Washington, pero usando el caso venezolano para equilibrar poder, narrativas y alianzas en otros escenarios donde los intereses estratégicos son mayores, como en Irán y Ucrania.